ENFERMEDADES RESPIRATORIAS DE INVIERNO

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Junio, julio y agosto son los meses peak de los resfríos y las gripes, que son causados por virus como la influenza, el respiratorio sincicial y el adenovirus. ¿Cómo prevenir y estar alertas a las complicaciones?

Los trastornos respiratorios son el principal problema de salud que se trata en los servicios de urgencia durante los meses de invierno, al punto que su prevalencia aumenta hasta en un ciento por ciento en relación a otras épocas del año.

Esto, porque en los meses fríos se presentan las condiciones ambientales que facilitan la propagación de virus como el respiratorio sincicial, la influenza y el adenovirus que, al complicarse, pueden causar infecciones respiratorias de origen bacteriano.

Estas condiciones son el encierro, la mayor cercanía física de las personas, la falta de ventilación de los ambientes y algunos sistemas de calefacción como la parafina o la leña. La forma en que el contagio se lleva a cabo es a través de las secreciones respiratorias: hablar, llorar, toser, estornudar. Y también al tocar.

“Las manos son una de las vías de transmisión que más contagia. El adulto que estornuda, se tapa la boca o se suena, queda con sus manos contaminadas. Si con ellas alimenta o muda a un niño, lo va a contagiar. Lavarse las manos después de estornudar o sonarse, es fundamental”.

Las infecciones respiratorias pueden manifestarse de diversas maneras: con cuadros respiratorios altos donde se ve afectada la nariz y la faringe causando obstrucción nasal y dolor de garganta, que en ocasiones pueden complicarse en otitis y/o sinusitis.

Con cuadros bajos, como la bronqueolitis aguda, que causa dificultad respiratoria y silbido en el pecho. Y con cuadros severos, como la neumonía, que compromete al pulmón y la capacidad respiratoria, provoca fiebre y gran compromiso del estado en general.

Los niños pequeños son el grupo de mayor riesgo, porque en poco tiempo pueden caer en insuficiencia respiratoria debido a que el sistema inmune aún no está maduro, por lo tanto están más expuestos a contraer infecciones bacterianas. Sus vías aéreas son muy pequeñas y tienen más glándulas secretoras por centímetro cuadrado. Es decir, generan más secreción, lo que los hace susceptibles a desarrollar problemas obstructivos o neumonías.

El resfrío y la gripe 

La enfermedad respiratoria más frecuente del invierno es el resfrío común, que es provocado por numerosos virus.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un niño normalmente puede llegar a tener seis a siete en un año. Si bien es una enfermedad benigna, es molesta: aunque no presenta fiebre, provoca secreción nasal y tos irritativa.

Al cabo de una o dos semanas sus síntomas desaparecen. La Influenza, cuyo sinónimo es gripe, es más seria que el resfrío común y requiere reposo. Sus síntomas más característicos son la fiebre y el malestar general: dolores musculares, de cabeza y garganta. También tos seca y secreción nasal.

Dura cerca de una semana. La mejor forma de prevenirla es mediante la vacuna de la influenza, que se distribuye en forma gratuita en menores de dos años, embarazadas y mayores de 60 y debe colocarse todos los años porque el virus muta. El Virus Respiratorio Sincicial (VRS), muy común en los menores de 2 años, en la mayoría de los casos se manifiesta como un resfrío, pero en el 10 por ciento se expresa con bronqueolitis aguda; es decir, con obstrucción de bronquios y silbido en el pecho.

¿Sirve o no sirve?

Vaporizador: El vapor que produce sólo logra humedecer las fosas nasales, pero no tiene ningún efecto para aliviar las obstrucciones bronquiales.

Salir al frío: En los casos de laringitis obstructiva, en que los niños tienen tos ronca y estridor (el ruido que hace la laringe al inspirar), el frío provoca un efecto vasoconstrictor que disminuye el edema y la congestión de la laringe. Salir a tomar aire frío está indicado en esos casos.

Tomar vitamina C: Si bien no hay estudios concluyentes sobre su efecto en la prevención del resfrío, ingerirla no tiene ningún efecto negativo y puede consumirse en las cantidades que el pediatra indique.

Lavarse las manos: Un niño puede adquirir diversos virus, incluso el sincicial por el contacto con adultos u otros niños contagiados, por eso es importante lavarse las manos con frecuencia y, especialmente, después de sonarse o estornudar. Esto es crucial en adultos que interactúan con niños pequeños.

La importancia de la prevención

Los niños más propensos a sufrir enfermedades respiratorias durante el invierno son los asmáticos, los alérgicos y los que tienen antecedentes directos de rinitis o asma en la familia. Ellos adquieren con mayor frecuencia infecciones virales. Los prematuros también son muy vulnerables, especialmente al virus sincicial.

Acudir a Urgencia si:

  • La mamá observa que se ha alterado la frecuencia respiratoria del niño y su respiración es rápida y agitada.
  • Se hunde el pecho y las costillas al respirar.
  • El menos tiene quejido respiratorio.
  • Labios y uñas se ponen azulinos

Los lactantes que no son alimentados con leche materna, que es protectora de estas enfermedades, también están más predispuestos, al igual que los menores de dos años que asisten a la sala cuna o al jardín infantil, porque aumenta sus posibilidades de contagio.

Por otra parte, también es importante controlar la contaminación intradomiciliaria, ventilando constantemente los ambientes y protegiendo a los niños de los cambios bruscos de temperatura.

Además, se suma a que los padres que fuman dentro de la casa, también predisponen a sus hijos a tener más enfermedades respiratorias y a que con mayor facilidad se compliquen y se vuelvan obstructivas.

La fiebre

La fiebre es una respuesta de defensa del organismo a las infecciones. Es un fenómeno reactivo normal, pero genera síntomas desagradables: dolores de cabeza, malestar corporal, escalofríos, y decaimiento.

Cuando en niños menores de dos años la temperatura –tomada en el recto– sobrepasa los 38,5 grados, la primera medida es dejarlo con el mínimo de ropa y una parte del cuerpo descubierta. También ayuda usar paños tibios en la zona abdominal y/o la frente.

Existen distintos tipos de fiebre y el médico orienta su diagnóstico por la manera en que ésta se comporta: los cuadros virales provocan una fiebre moderada, que dura dos o tres días y al cuarto decae.

En las infecciones bacterianas, generalmente la fiebre aparece más alta, puede acompañarse de escalofríos y compromiso del estado general, como inapetencia, vómitos y dolor abdominal.

La fiebre que aparece bruscamente después de algunos días sin síntomas de resfrío afebriles, hacen sospechar de sobreinfección bacteriana. La forma correcta de tomar la temperatura en los menores de un año es en el recto, porque arroja un valor más exacto.

En los niños mayores, se toma en la axila o en la boca, cuando se está seguro de que no va a morder el termómetro.